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Literatura y poesía

Revista digital irregular no apta para convencionales

Tres poemas de María Moreno Quintana

la sal como un fuelle

en la trepada

esta roca dura

como la pared escarpada

 

*****

 

así sucedió una primavera

en los albores de la noche más pálida

que me desperté hambrienta por el vapor

y recé a los duendes con melodías

llenas de dulce temor

 

*****

 

concebida la idea se deshiela

se hace carne

se resuelve

 

 

 


Estos poemas pertenecen al libro La vida dulce, aún sin publicar.

 

María Moreno Quintana (Buenos Aires, Argentina, 1969) Estudia filosofía en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Ha publicado ocho libros de poesía, entre los que se encuentran La importancia del bidet y Donde nada se sostiene. Ha trabajado en radio, televisión y como referencista en libros en la Biblioteca Nacional.

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Recogiendo a Netzahualcóyotl

De la flor oscura vienes, Coyote hambriento, de la flor oscura

y del lago que emanaba sal y luego llanto extraño y niebla gris.

 

En ese lago que ahora es casi nada (ahora, cuando eres barro seco y cal forjada)

yo te nombro y recuerdo que de la flor oscura vienes y de la rivera que emanaba sal,

de esa que es vestigio de tu huella, testimonio de tu paso casi extinto.

Y te veo en lo alto, imponente como jarilla que crece en los peñascos.

Te veo allí, estirando tu mano fuerte hasta tocar el ombligo de la luna

con tu dedo largo como el horizonte que dominas.

Con los frutos del nopal construiste los castillos

que le hicieron sombra a los hombres provenientes del oriente;

hombres que sin conocerte también tuvieron miedo de tus ojos

y corrieron ante el eco impotente de tu aullido

que subía de vez en vez de la orilla de los lagos.

Vimos las flores marchitarse, entonces las nombraste

y florecieron de nuevo los jardines.

Algunas veces lloramos hasta que el llanto se hizo silencio,

entonces alzaste tu voz y nosotros volvimos al canto.

No fuimos nosotros para siempre.

Nos deshicimos como el plumaje del quetzal que se desgarra.

Estuvimos sólo un poco aquí, pero tú no. Tu nombre aún lo escriben las serpientes

en el valle.

Tu rostro aún lo dibujan las aves en el aire.

No brotaste en vano sobre la tierra, Coyote hambriento, no viniste en vano;

no pisaste en vano este rincón donde nace el aliento del jaguar.

El amor, si acaso, me alcanzó para terminar este poema.

A ti te alcanzó para mucho más:

para amar el canto del zenzontle

para amar el color del jade

para amar al hombre mismo.

 


Omar Garzón Pinto (Bogotá, Colombia) Sus poemas han sido publicados en páginas de Internet y revistas especializadas de Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, España, México, Nicaragua y Venezuela. Ha presentado su obra en festivales culturales, literarios y académicos de su país. Entre los años 2011 y 2012 se desempeñó como tallerista literario de la Fundación Andrés Barbosa Vivas y también ha trabajado como profesor de Geografía en la capital colombiana. Forma parte del consejo editorial de la naciente revista La Cosa Literaria. Es autor de los libros Faro desnudo, editado por la Liga Latinoamericana de Artistas (Bogotá, 2011), y Flores para un ocaso, del mismo colectivo editorial (Bogotá, 2013). Dirige el blog: farodesnudo.blogspot.com

El segundo hijo

En su humilde morada de tacuara, adobe y paja

allá en el norte, bebe de su jarro de lata

el pequeño faraón su sabrosa merienda:

cocido y miel y un par de galletas horneadas.

Con su perro que desconoce baño

comparte el niño atareado,

el que sabe que es amado hasta el delirio.

 

Muchas veces el genio de la lámpara

que lo alumbra por las noches

recuerda que él puede atrapar todas las lluvias en la boca

y mucho luego regar el pastizal del valle con soplidos.

Es amado por todos pero niegan

su entera idolatría.

Y a él, sólo le importa espantar

a patos y gallinas por el patio.

Cada día los gorriones lo despiertan con un guiño

en su ventana, y en cada muestra de cariños paternales

le ajustan la brillantez del río con la luna.

 

Lo miman tanto, al punto del terror de un extravío.

Por eso sellan con un beso su idioma en media lengua.

Recordarán de viejos la fuerza de sus ojos,

sus pasos primerizos, tan torpes o embotados.

 

Padres sólo ricos de ternura, día que pasa

descorren un poco más los tules de sus ojos.

Ya no quieren saber del pico filoso de una azada

cavando un foso diminuto en la tierra colorada.

 

Aquello fue el terror más intrincado de un ciclo inesperado,

cubierto del sol de la mañana,

que luego de arrancar la párvula dulzura se la llevó

un atardecer ya moribundo, detrás del horizonte.

 

Pero luego, padres jóvenes

volvieron a juntar sus labios por otro hijo fecundado.

Cuantos días, ¿Ya mañana?

 

Y se esfumaron las sombras que tejían crespones

con sus grises.

 

El segundo hijo no volvió a deformar los universos

por donde orbitan los que viven de antemano.

 

Entonces, la mísera cabaña rodeada de malezas

se hundió en aquel paisaje, dijeron las voces compungidas.

Las voces de consuelo coincidieron,

sólo vino a conocer a sus amantes padres.

 

En la tierra sembrada de naranjos

ver brotar cualquier semilla no es milagro.

Pero atrás la emboscada mortal

que absorbió sin piedad el aliento infantil del fugaz hijo primero.

Atrás el funeral más penitente que amagó

desplazar a la cordura.

 


Luis Alberto Yegros Romero (Asunción, Paraguay, 1947) Es artista plástico, poeta y escritor. Utiliza como seudónimo Theo Morel.

El viaje

En el fondo de mi mochila

escucho monedas como cascabel

y yo que la creía vacía

yo que comenzaba a soltar recuerdos

entonces, aquí vienen

los abrazos de alegría

el llanto de alegría

las caras de alegría

las mil y un alegrías.

Como noche de cuentos

leídos susurrando

en el cuenco de las manos

para amplificar un poco

no vaya a ser

que no se escuchen

esos lugares de procedencias

que son anhelos del viaje

de ida que es la vida.

 

 


Mario Daniel Villagra Segovia (Villaguay, Argentina, 1987) Estudió la licenciatura en Comunicación Social con Mención en Educación. Es integrante de la Red Nacional de Medios Alternativos de Argentina y actualmente colabora con diferentes medios radiales, impresos  y digitales. En su blog: http://villagramd.blogspot.com.ar/ comparte algunas de sus producciones.

Dos poemas de Miguel Ángel Fernández

 

PARTIR EN DOS

 

Parte el silencio en dos

—basta un hachazo—,

engulle una porción,

y basta. Lo demás,

para las hienas —no acabes

con empacho

y mudo;

que el silencio-mudo sea,

finalmente,

el túmulo de las hienas.

Puede que, entonces,

eches a volar y el canto

sea tuyo y el de todos:

hombres, por fin, enteros.

 

*****

 

LAS SOMBRAS

 

Por patios amarillos,

por entresueños lúcidos,

el niño

(el hombre)

pasa, a veces

se detiene,

toca sombras ciertas,

cuerpos intactos,

silba una melodía

secreta,

inventa pájaros

y trenes lejanos,

dibuja sueños

en la arena…

con vago andar

de brisa

en tiempo de cigarras,

con ademán de olvido,

el niño

(el hombre,

el ciego)

cruza

siestas de fuego,

noches ateridas,

vuelve a nada.

 


Pertenecientes al libro A destiempo (1966).

 

Miguel Ángel Fernández Argüello (Asunción, Paraguay, 1938) Es poeta. Ha participado activamente en la vida intelectual de su país desde su juventud y tiene una larga trayectoria como creador, crítico e historiador de la cultura paraguaya. Actualmente es profesor en la Facultad de Filosofía de la Universidad Nacional de Asunción. Octavio Paz dijo que su poesía es “contenida y sus poemas poseen arquitectura. Su lenguaje tiende a la sobriedad y a la exactitud. Habla usted de cosas concretas y no sólo de sensaciones y emociones, quiero decir: parte de la realidad hacia el poema” virtudes que consideraba “esenciales en un escritor joven”.

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