El Libro de Judith es un libro compuesto por treinta y cinco  poemas sin nombre, cuyo orden es aparentemente aleatorio, aunque de linealidad absorbente, que curiosamente comienza con un final. Un recuerdo plasmado “sobre las aguas que nunca se detienen”:

 

I

 

¿Sólo era el revuelo de las garzas ese día

en que la ciudad

se perdía a mis espaldas

para siempre?

 

La sombra de su blancura,

sin embargo,

cruzaba el río

como los presagios atraviesan

la primera luz de la mañana,

 

y yo vi el trazo de sus alas

como un temblor inesperado

sobre las aguas que nunca se detienen.

 

Alberto Szpunberg es un poeta de los elementos -sobre todo del agua-. En toda su obra están muy presentes y este libro no es la excepción: “la lluvia que se derrama/ desde las hojas moradas de la hiedra”, “el viento esa coherencia/ de sílabas dispersas”, que también es lo que “quedaba atrás en reguero de brasas y de nieve”.

Si las imágenes que atraviesan toda la escritura de Szpunberg son sencillas y despojadas, donde toda su fuerza se dispara sin estruendo, la poética del El libro de Judith es un río que lleva y trae lo que quedó definitivamente. La patria abandonada “como una piel lastimada/ la esquina, el bar, éstas manos/ en cada lugar dueles”, una larga tarde de ausencias y añoranzas en el destierro:

 

XXVIII

 

Desde lejos, no existes,

desde cerca, no existes,

sólo ir y venir

te retiene en el viento

que arracima las nubes

de tu cuerpo

que se esparce,

sediento,

entre mis brazos.

 

Noticias que vienen siempre de otro lado, jeroglíficos que el poema se encarga de cantar: “y en la noche más cerrada de la tierra/ se entibian las raíces/ que nos dan de vivir y nos sostienen”. Una mujer que no es cualquier mujer pero es todas; una calle que podría ser cualquiera; una ciudad cualquier ciudad lluvia; un río todos los ríos y la fugacidad del instante que nos da la certeza de pasado.

 

“ vuelvo a hablar del río con el río

como el agua con la orilla:

 

aquí nací

y donde sea que muera será aquí,

sobre éste mismo pálpito”

 

El “trabajo sucio,/ imperceptible/ del olvido” es la dulce congoja de descubrir que en realidad nunca se vuelve. El encuentro con la amada podría ser fortuito, un milagro, una revelación: “La mujer que amo/ no es siempre la mujer que amo./ A veces/ se parece tanto a la mujer que amo/ que vuelvo a amarla/ como si no la conociera”. Porque solo el amor dicta palabras exactas que comunicarán lo que el mundo tiene para decirnos:

 

¿Qué uno entre todos

si no todos?

¿Qué todos

si no uno y uno y uno

en cada uno y todos

en cada uno

y en todos?

 

El libro de Judith es la pantalla del recuerdo, donde, por ahí, una mujer “se desnuda como si todo,/ aun lo que será/ ya fuera cierto,/ lo que el aire bebe de la lluvia”, versos de  “compañeros perros”, que “ladran a nuestro encuentro/ y nos explican que ningún milagro es novedoso”.

 


Nicolás Duamel Silva nació el 11 de diciembre de 1972 en Montevideo, Uruguay. Actualmente vive en Buenos Aires. Es músico y administra el blog de poesía Casa de Piedra (http://nicolasduamelsilva.blogspot.com.ar/)

Alberto Szpunberg es un poeta nacido en Buenos Aires en 1940. Publicó su primer libro a los 22 años. Durante los años ´70 estuvo a cargo de la carrera de Lenguas y Literaturas Clásicas en la Universidad de Buenos Aires, fue redactor del diario La Opinión y cofundador de la Brigada Masetti, continuadora del Ejército Guerrillero del Pueblo (EGP). Tras el golpe de estado de 1976, se exilió en España y trabajó como corresponsal de la Agencia Nueva Nicaragua en París. Luego de su regreso a la Argentina, desde 2001, se desempeña como profesor de Literatura y Política en la Universidad Popular de las Madres de Plaza de Mayo.  Poemas de la mano mayor (1962), El che amor (1965), Apuntes (1986), Luces que a lo lejos (1996), El libro de Judith (2008), Como sólo la muerte es pasajera. Poesía reunida (2013), son algunos de los catorce títulos que ha publicado.

 

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