Conocí los poemas de Boel Schenlaer cuando los leí (en inglés) en la revista digital Berfrois. Me gustaron casi inmediatamente por su claridad y su sensibilidad y, poco a poco, como una verdad develada a retazos, me convencí de que debía traducirlos al español. Para hacerlo, contacté a la poeta vía Facebook y obtuve su consentimiento para esta empresa. Dado que yo no sé leer sueco, estas versiones son en realidad derivadas de la versión en inglés (que no puedo acreditar, debido a que Berfrois no incluyó el nombre del traductor). Entiendo las reticencias de muchos con respecto a la traducción poética y es casi obligada la frase de Frost: “la poesía es lo que se pierde en la traducción”. Sin embargo, he decidido acoger el método del poeta Dryden, que opta por “la paráfrasis o traducción con latitud, donde el traductor mantiene al autor a la vista, para no perderse nunca, aunque siga con menos rigor sus palabras que su sentido”. Así, he adaptado algunas expresiones idiomáticas al español al mismo tiempo que he pretendido mantener el ánimo general de estos siete poemas cortos. Ahora entiendo mejor el juego del teléfono descompuesto; en realidad no estoy traduciendo los poemas suecos de Boel, sino siete poemas en inglés que, a su vez, se basaron en los primeros. Con todo, decidí elaborar estas versiones. Era más lo que se perdía al no traducir.

 

I

 

Desde un subterráneo pasado

alguien se asoma; una parte de mí

encarnada en otro, un tercer “alguien”

listo para sacrificarlo todo.

Tanteando en secreto, espera y observa.

Mi sueño es sangriento.

 

II

Angostos caminos que aparentaban

ser amplios en las montañas,

como el algodón que rezuma del olvido.

Hay que seguir al corazón en su caos.

Hay que pagar el precio de ocultar la verdad.

 

III

La torre de la que me lanzo

cuando el destino se para de puntillas.

El vagón que va en dos direcciones

cuando el destino se congela.

Poetas que lloran en altillos,

nidos de ratas, cañerías.

 

IV

Nuestros devotos sueños por las noches.

Tú duermes a unos metros de mi lecho.

¿Somos conscientes de nuestra distancia?

No me acerco a ti no te acercas a mí.

 

Dejamos que sucediera

¿Pudimos evitarlo?

Nos pensamos omnipotentes.

 

V

 

Las ilusiones se niegan a llamar

a una puerta que puedes ver cerrada.

Si la abrieras se lanzarían dentro.

Una puerta más, opuesta

al callejón con los nidos de cigüeña.

La puerta es una veleta contra la eternidad.
Dios no es un chiste, y para algunos

está mal reír de Dios, pero yo me río.
Somos un sesenta y siete por ciento
agua, el resto azúcar. El glaseado en
el alma del mundo. De todo me río.

 

VI

A veces, cuando estás en un vaso de agua

y sobreviene una tormenta, debes prendarte

bien de la orilla. Escucha, oye la canción

del ave más pequeña.

 

VII

En realidad no se puede condenar a nadie.

En cuanto ejerces la condena yo devengo tu guía

y tú te quedas sin sentido.

 


Ricardo Suasnavar (Azcapotzalco, 1994) es poeta, traductor y ensayista. Ha sido publicado en diversos medios impresos y digitales. Mantiene columnas de opinión en distintos medios del Estado de México y el Distrito Federal. Ha expuesto poemas gráficos e interactivos en instalaciones de arte contemporáneo. Compuso en colaboración con el artista multidisciplinario Yeudiel Infante piezas de experimentación poético-musical. Traductor del inglés, el catalán y el francés. Co-editor de la revista trimestral “Esquirla” y campeón del torneo de poesía de la editorial Verso DestierrO “Adversario en el Cuadrilátero” 2013.

La obra que ilustra los poemas es Abstracto rojo, de Alejandro Aldehuela.

Anuncios