Alguna vez yo

 

Alguna vez yo habité en un país parecido a la infancia,

no era la infancia,

sino sólo lo más parecido a ella.

Alguna vez yo tuve dioses,

amorfos o transparentes pero en todo caso intangibles;

no eran dioses, pero así yo lo creía.

Alguna vez yo tuve verdades,

plurales más que totales

y hasta susceptibles de ser envueltas en papel de regalo;

no eran verdades,

pero hubiera dado cualquier cosa porque lo fueran.

Alguna vez yo tuve pensamientos,

tambaleantes y torpes como todos los pensamientos;

no eran pensamientos,

pero sólo por su aparentemente notable dominio sobre las cosas

me dejé dominar por ellos.

 

Alguna vez yo tuve esperanzas,

vanas e intrascendentes,

tan ingenuas que rayaban en lo verídico y hasta en lo realizable;

no eran esperanzas, y yo siempre lo supe,

pero no pude evitar estremecerme

cuando comprobé que todo en cuanto una vez creí

eran solamente epítetos y redundancias

dentro de la misma espiral.

 

 

 

23

 

Extraños fueron aquellos días de mi juventud

(ahora perdida y difusa)

desnudos de metáforas y de sospechas,

cuando el amor era más nube que espejismo incurable

y aún no se me ocurría tras cuál esquina aguardaba el frío

Extraños fueron aquellos días

limítrofes con lo verosímil,

grotescos por tanta credulidad,

ilusos hasta la repugnancia

y de pura candidez inflada, abominables.

 

Extraños fueron aquellos días

carentes de fechas y de rótulos,

antípodas de esta asepsia

y de estos desiertos memorizados,

tan en medio de esta, mi prematura abdicación

tan al principio del resto inmaculado de mi muerte.

 

 

 

 Capitulación

 

 

Yo pertenecí a una estirpe maldita,

a la oscura casta de los fuegos ajenos a todo lenguaje,

y mi nombre era éter, viento y cuarzo.

Yo fui acorralado, asediado, sitiado.

Yo fui enjuiciado desde cualquier reflejo increíble, ejecutado;

yo fui descuartizado.

 

Nube o bosque, poco importa,

pero lo intenté.

Yo fui sólo un mártir,

un mártir del barro,

un héroe del polvo,

yo creí que el mundo era unívoco y transparente, puro,

y por eso terminé sembrando entre las ruinas.

Yo fui perseguido,

arrebatado de los brazos de la noche

y arrojado a sitios de los cuales aún no he regresado.

Yo traté de ser.

 

De más está decir que fracasé.

De más está decir que me hicieron fracasar.

 


Estos textos ganaron el segundo premio en el concurso de poesía estudiantil de La Universidad del Zulia. Maracaibo, Venezuela (1998) Posteriormente fueron publicados en “Los espejos plurales. Antología de estudiantes poetas de La Universidad del Zulia” Compilada por el Profesor José Gregorio Vílchez (2001).

 


Alberto Quero (Venezuela).

 

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