Una forma muy especial de analizar un texto es entender qué implicaciones hay escondidas en él. Estas implicaciones resaltan aspectos de tipo social y cultural que no son visibles a simple vista porque están ocultas debajo de esquemas de reproducción cultural que todos estamos dispuestos a aceptar, y que solemos pensar que son normales. Pero en realidad no es así.

Desde finales del siglo XX hay varias corrientes de pensamiento que se dedican a cuestionar los moldes anteriores. Son las teorías de lo post. Postfeminismo, postmodernidad y en esta ocasión postcolonialismo. Estas corrientes de pensamiento analizan muy detalladamente distintos elementos del medio y sobre todo de la literatura para averiguar qué cosas, que hasta ahora habían sido tomadas por ciertas, en realidad no lo son.

Este es el caso del postcolonialismo. Pero antes de aproximarnos a esta corriente, es necesario que entendamos qué es el colonialismo. América Latina fue conquistada y colonizada por potencias europeas a lo largo de los siglos XV, XVI, XVI y XVIII. Cuando los europeos fueron conscientes de que más allá del mar había riquezas que sólo existían en las fantasías medievales y algunas ni siquiera en la imaginación, se lanzaron a la aventura de conquistar y colonizar estas tierras. Este hecho ha dejado tras de sí una serie de repercusiones de dimensiones enormes. Por ejemplo, si el lenguaje configura nuestra forma de acercarnos a la realidad, y el lenguaje que España impuso en gran parte de América Latina fue el español, ¿no cambia esto la forma de entender nuestro mundo, en comparación con la manera en que lo entienden las personas que hablan náhuatl? Lo mismo ocurre con la religión, la política, la economía, el arte y todas las áreas del conocimiento. Por otra parte, ¿qué significa ser americano (latinoamericano)? Para saberlo ¿hay que recurrir al pasado prehispánico? Quizá, aunque ya no hablamos náhuatl ni rendimos homenaje a los antiguos dioses. ¿Habrá que ir entonces a la vena española? Puede ser, aunque no somos españoles, no hablamos igual, ni tenemos nada que ver con su pasado y presente monárquicos. Entonces, ¿qué significa ser americano? Esta pregunta ha representado un gravísimo problema de identidad para todos los países de América, incluso para los norteamericanos, que han tenido que forjar su escasa identidad por medio de cómics y cultura pop.

En el siglo XVIII y XIX, los países americanos comenzaron a independizarse. España, Francia, Portugal, Inglaterra y otros perdieron los ingresos tributarios que América les enviaba y tuvieron que buscarlos en otra parte. El colonialismo continuó entonces en África, la India, Siam, etc. Los países colonizadores se aferraron crudamente a zonas como el Congo Belga, el Amazonas o Argelia, lo que trajo, a corto y largo plazo, grandes repercusiones para los habitantes de estas regiones.

A lo largo del siglo XX, algunos de los países que fueron víctimas de esta nueva colonización también se independizaron. Entonces, varios filósofos y pensadores muy importantes reflexionaron: ¿de verdad hemos dejado atrás la colonización?, ¿somos ahora el país que deberíamos ser? En Siam, hoy Tailandia, aunque había un rey tailandés, los ingleses ocupaban la nación, haciéndose cargo de gran parte de la administración, economía y otros aspectos del gobierno. Entonces, un siamés “civilizado” iba dejando poco a poco de lado sus costumbres nacionales, y adoptaba las inglesas, por ejemplo, desde tomar té al estilo inglés, hasta olvidar su lengua. Hay una película muy ilustrativa al respecto, que se llama Ana y el Rey, donde el rey de Siam contrata una institutriz inglesa para sus hijos y ella observa las costumbres del reino, tachando algunas de ellas de salvajes e incivilizadas, al mismo tiempo que le enseña a los hijos del rey cosas que son vistas como positivas para los ingleses.

¿Cuál es el problema con esto? Pues el problema es que a todas las naciones que alguna fueron tributarias de otras, se les han impuesto mucho más que pagos económicos. Se les han impuesto religiones, lenguajes, filosofías, formas de ver el mundo, productos, música, arte, literatura, en fin, las naciones colonizadas no hacen otra cosa que reproducir esquemas provenientes de las naciones que ejercieron dominio sobre ellas. Por ejemplo, la literatura mexicana, por más que explore en lo que es considerado como absolutamente mexicano, está escrita en español, en castellano. La administración, el derecho y la economía, están basados en sistemas provenientes de España (el derecho que se usa en México, por ejemplo, proviene del derecho romano, que a su vez pasó a España… etc.). Lo mismo con la religión, el arte y otras formas del pensamiento. Hasta la historia nacional de los países americanos está contada desde el punto de vista de los conquistadores europeos. Por ejemplo, el 12 de octubre es el “Día del descubrimiento de América” ¿Los americanos fueron descubiertos, o sea que, antes del descubrimiento no existían? El árbol de la noche triste es en realidad una historia sobre la tristeza de los españoles cuando fueron derrotados en la ciudadela de Tenochtitlán, pero ¿no debería llamarse diferente, algo como el árbol de la derrota española y la felicidad mexica?

Entonces, ¿las naciones colonizadas hablan con sus propias voces? No, en realidad están reproduciendo esquemas impuestos hace mucho tiempo. ¿Los americanos tienen voz propia? No. Están usando las voces que les dieron los conquistadores y colonizadores. Finalmente, ¿no queremos todo lo que los europeos y norteamericanos usan y tienen? Estudiamos filosofía griega, nos autodenominamos occidentales (¿quién determina, en un mundo redondo, dónde está oriente y occidente?) y estudiamos nuestra propia historia escrita por intelectuales de Harvard.

Frente a esto, los pensadores actuales propusieron los estudios que se llaman postcolonialismo. Consisten en hacer el análisis de la cultura para observar en ella cómo se articulan y funcionan estos medios de reproducción ideológica. Así, ellos percibieron que, si de por sí las naciones americanas no tienen voz propia frente a las europeas, menos aún la tienen los sectores marginados. Por ejemplo, la raza negra. Llegan de África, esclavizados y cuando por fin se liberan, lo hacen tomando para sí la voz de los opresores. Es decir, cuando Django, en la película, deja de ser esclavo, se pone ropas de blanco, habla como blanco, usa las armas de los blancos y quiere lo mismo que los blancos.

Cuando los grupos marginales dejan atrás su carácter de marginados, lo hacen solamente a partir de tomar para sí lo que el grupo dominante les permite usar. Ahora, ya hay canales de música para afroamericanos, hay ropa, formas de hablar y ser propias de afroamericanos, pero, ¿no son estas formas imposiciones culturales que los blancos les han dado? Es decir, loa negros pisan el terreno que los blancos les permiten pisar. ¿Un presidente negro? Sí, pero es un presidente de color que actúa, piensa, habla, viste y se comporta como los anteriores presidentes blancos.

Ni qué decir de los latinoamericanos. Pisamos el territorio que los “blancos” estadounidenses y europeos nos dejan abarcar. Speedy González, el héroe de las caricaturas que siempre burla al “gato gringo”, es un RATÓN que ROBA comida y gracias a su velocidad, consigue pasar ILEGALMENTE al otro lado. ¿No es esto un esquema de reproducción impuesto, una imagen estereotipada? Pero detrás de esta ficción ¿cuántos migrantes mueren en la frontera anualmente, en la realidad?

Entonces, recapitulando: el colonialismo ha dejado su huella indeleble en los países colonizados, y estos esquemas de reproducción que se ejecutan diariamente en la realidad de todas las personas permean hasta los sectores marginados de la población. Y por marginados, se entiende, no sólo a la diferencia racial o étnica, también a la diferencia social que significa ser mujer en una sociedad que adopta esquemas de reproducción machistas. O ser un niño, en una sociedad donde los derechos de los niños son una ficción. Y lo mismo para los animales. La dominación hegemónica, entonces, no es solamente de los países conquistadores a los colonizados, sino de las personas dominantes de la sociedad hacia las que no lo son.

Una importantísima contribución a estos estudios poscoloniales la hace Gayatri Spivak. Esta autora hindú ha apreciado en gran medida cómo su país fue colonia inglesa, y cómo el mismo Mahatma Gandhi, para poder exigir la independencia de su país, tuvo que vestirse a la usanza inglesa, hablar inglés, aprender derecho inglés y comportarse como un inglés, todo para defender las tradiciones de los que no tenían voz. Spivak se dio cuenta de que, cuando Marx hablaba de defender al proletariado, probablemente no estaba hablando de los proletarios de países como la India, Tailandia o América Latina. Porque cierto es que no es lo mismo ser un proletario en Alemania, que un proletario en China o México. Esto sí que es división del trabajo. División internacional del trabajo, en donde el proletario mexicano no es sino un subalterno del proletario norteamericano, quien, con lo producido por la mano de obra mexicana, gana mucho más. Esta es la aportación principal de Spivak: el concepto de subalternidad.

Y cuando Spivak creyó que ya estaba dilucidando estas cuestiones sobre el postcolonialismo, descubrió que, debajo de la dominación inglesa sobre la India, estaban varios sectores que estaban más oprimidos todavía, que eran más subalternos. Se dio cuenta de que en su país, las mujeres tenían menos ventajas y estaban más menospreciadas. Es decir, si los ingleses oprimían a los indios, estos a su vez lo hacían con sus mujeres. Y a lo largo del mundo, las mujeres se menosprecian entre ellas, y luego a los homosexuales. Y los homosexuales a los bisexuales. Y así sucesivamente.

El ser humano ha elaborado una cadena de menosprecio hacia sus semejantes. Siempre encuentra la forma de imponerse a otros, ya sea por la fuerza o por las ideas. La única manera de salir de estos esquemas es, en primer lugar, reconocerlos. En segundo lugar… ¿?

 


 

Mari Carmen Orea Rojas es profesora de Literatura y actualmente candidata al Doctorado en Letras en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

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