En su humilde morada de tacuara, adobe y paja

allá en el norte, bebe de su jarro de lata

el pequeño faraón su sabrosa merienda:

cocido y miel y un par de galletas horneadas.

Con su perro que desconoce baño

comparte el niño atareado,

el que sabe que es amado hasta el delirio.

 

Muchas veces el genio de la lámpara

que lo alumbra por las noches

recuerda que él puede atrapar todas las lluvias en la boca

y mucho luego regar el pastizal del valle con soplidos.

Es amado por todos pero niegan

su entera idolatría.

Y a él, sólo le importa espantar

a patos y gallinas por el patio.

Cada día los gorriones lo despiertan con un guiño

en su ventana, y en cada muestra de cariños paternales

le ajustan la brillantez del río con la luna.

 

Lo miman tanto, al punto del terror de un extravío.

Por eso sellan con un beso su idioma en media lengua.

Recordarán de viejos la fuerza de sus ojos,

sus pasos primerizos, tan torpes o embotados.

 

Padres sólo ricos de ternura, día que pasa

descorren un poco más los tules de sus ojos.

Ya no quieren saber del pico filoso de una azada

cavando un foso diminuto en la tierra colorada.

 

Aquello fue el terror más intrincado de un ciclo inesperado,

cubierto del sol de la mañana,

que luego de arrancar la párvula dulzura se la llevó

un atardecer ya moribundo, detrás del horizonte.

 

Pero luego, padres jóvenes

volvieron a juntar sus labios por otro hijo fecundado.

Cuantos días, ¿Ya mañana?

 

Y se esfumaron las sombras que tejían crespones

con sus grises.

 

El segundo hijo no volvió a deformar los universos

por donde orbitan los que viven de antemano.

 

Entonces, la mísera cabaña rodeada de malezas

se hundió en aquel paisaje, dijeron las voces compungidas.

Las voces de consuelo coincidieron,

sólo vino a conocer a sus amantes padres.

 

En la tierra sembrada de naranjos

ver brotar cualquier semilla no es milagro.

Pero atrás la emboscada mortal

que absorbió sin piedad el aliento infantil del fugaz hijo primero.

Atrás el funeral más penitente que amagó

desplazar a la cordura.

 


Luis Alberto Yegros Romero (Asunción, Paraguay, 1947) Es artista plástico, poeta y escritor. Utiliza como seudónimo Theo Morel.

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